Tema para un tapiz
*Por Gustavo Pedulla (docentes de AyL)
El microcuento “Tema para un tapiz” de Julio Cortázar dice así:
“El general tiene solo ochenta hombres, y el enemigo cinco mil. En su tienda el general blasfema y llora. Entonces escribe una proclama inspirada, que palomas mensajeras derraman sobre el campamento enemigo. Doscientos infantes se pasan al general. Sigue una escaramuza que el general gana fácilmente, y dos regimientos se pasan a su bando. Tres días después, el enemigo tiene solo ochenta hombres y el general cinco mil. Entonces el general escribe otra proclama, y setenta y nueve hombres se pasan a su bando. Solo queda un enemigo, rodeado por el ejército del general que espera en silencio. Transcurre la noche y el enemigo no se ha pasado a su bando. El general blasfema y llora en su tienda. Al alba el enemigo desenvaina lentamente la espada y avanza hacia la tienda del general. Entra y lo mira. El ejército del general se desbanda, sale el sol.”
Algunos decimos que la vida se explica con los cuentos de Cortázar. Si nos ponemos a pensar en el conflicto de retorno a la presencialidad, podríamos trazar una analogía con este cuento de Julio. Viendo cómo se fueron sucediendo los acontecimientos estaba claro y en un principio nadie cuestionaba que el cambio de modalidad de presencial a virtual era necesario en el contexto de la pandemia, como tampoco se cuestionaba la fase I de cuarentena y desde los medios de comunicación se estimulaba el aplauso al personal de salud todas las noches a las 9. El tiempo fue pasando y el sistema económico lanzó sus primeras palomas mensajeras con proclamas inspiradas en la libertad individual. Ya los aplausos al personal de salud se iban diluyendo como sus fuerzas y empezaban a oírse cacerolas. El Gobierno de la Ciudad al tiempo empezó a fogonear el retorno a la presencialidad cuando los casos seguían aumentando. Los medios de comunicación que otrora emocionados hablaban del trabajo de los enfermeros y de los docentes, viraron el discurso. Empezaron los cuestionamientos: ¿Se pierde el año escolar? ¿Cuándo vuelven las clases? ¿Pasan todos de año por decreto? Preguntas que en su propia esencia denotan el desconocimiento del ámbito educativo. Siempre hubo clases, lo que no hubo era presencialidad; los conocimientos no se pierden como el agua en un bidón agujereado y la educación es un proceso donde se construye el conocimiento y no escalones que deben ser superados.
A la docencia le toca el papel del enemigo. Por un lado, porque es una convicción de este gobierno y por otro porque nos vamos quedando solos. La derecha despliega todo tipo de argumentos para justificar la presencialidad, o lo que plantean como vuelta a la normalidad. Retorno que implicaría mantener el status quo de escuelas con techos que se caen, se inundan, sin protección y pasibles de ser saqueadas en la noche, viandas escasas y almuerzos paupérrimos, con protocolos que no responden ni sanitaria ni pedagógicamente.
Grandes especialistas educativos de la era jurásica, alérgicos a la tiza, retornaron del ostracismo y se acordaron de los contenidos, las necesidades educativas de los estudiantes, del vínculo docente alumno y la socialización. Todas acciones que los docentes estamos desplegando desde el primer día del aislamiento. La falacia es que, para ellos, eso sólo se conseguiría en la presencialidad; desvalorizando todo lo que estamos desarrollando desde la virtualidad.
Por otro lado, hay quienes motorizan la espera jugándose todas las fichas a que el Ministro de Educación de la Nación, como un Cid Campeador de la Educación, sea el freno al delirio acuñado por Acuña.
De la misma manera aquellos que eran aplaudidos durante semanas a las nueve de la noche como héroes, hoy en el día de la sanidad fueron apaleados por la policía de la ciudad en la legislatura. Esos que demostraron su profesionalidad negada por el Gobierno de la Ciudad.
La historia va llegando a su fin. Son muchos sectores los que se van pasando al bando de la ministra, incluso sindicatos como UDA y AMET que ya ven con buenos ojos el retorno a la presencialidad. El camino se va despejando en un sendero de unidad docente como alternativa válida para enfrentar el momento. Seguir jugando a esperar la palabra de Trotta para algo que como docentes tenemos claro desde hace tiempo, “en pandemia no volvemos”. Dependerá de nosotros como cuerpo docente, de nuestra unidad y de nuestras decisiones, que el ejército del general se desbande y salga el sol.

